lunes, 6 de junio de 2011

EL ÁRBOL DE LOS PROBLEMAS

El carpientero que había contratado para ayudarme a reparar mi vieja granja, acababa de finalizar su primer día de trabajo muy duro.
Su cortadora eléctrica se había dañado y le había hecho perder una hora de su trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.
Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio.
Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.

Mientras nos dirgíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación.
Su bronceada cara reía plenamente.
Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa.


Posteriormente me acompañó hasta el auto.
Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

     - Ese es mi árbol de los problemas - contestó

     - Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero hay algo que es seguro: los problemas no pertenecen a mi casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego. Luego a la mañana os recojo otra ver.

     - Lo divertido es - dijo sonriente - que cuando salgo a la mañana a recogerlos, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior.

jueves, 2 de junio de 2011

EL CARBÓN

Un día Jaimito entró en su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto.
     - Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso le deseo todo el mal del mundo, ¡tengo ganas de matarlo!

Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo:

     - Imagínate que el estúpido me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de su casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó al jardín y le propuso:

     - ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en la bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso a ver cómo quedó.

El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones, pero como el tendedero estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa.
Cuando el padre regresó le preguntó:

     - Hijo, ¿qué tal te sientes?

     - Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y lo colocó frente a un espejo que le pemitía ver todo su cuerpo .... ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:

     - Hijo, como pudiste observar la camisa quedó un poco sucia, pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros.

Por más que queramos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.


miércoles, 1 de junio de 2011

¿QUÉ ES EL AMOR?

En una clase un niño preguntó:

- Maestra, ¿qué es el amor?

La maestra, sorprendida por lo profunda de la pregunta, y dado que ya era la hora del recreo, les propuso que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajeran cosas que invitaran a amar o que despertaran en ellos ese sentimiento. Los pequeños salieron apresurados, y cuando volvieron, la maestra les dijo:

      - Quiero que cada uno muestre lo que ha encontrado.

El primer alumno respondió:

      - Yo traje esta flor, ¿a qué es bonita?

A continuación, otro alumno dijo:

      - Yo traje este pichón de pajarito que encontré en un nido, ¿no es gracioso?

Y así los chicos, uno a uno, fueron mostrando a los demás lo que habían recogido en el patio.
Cuando terminaron, la maestra advirtió que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido en silencio mientras sus compañeros hablaban. Se sentía avergonzada por no tener nada que enseñar.
La maestra se dirigió a ella:

       - Muy bien, ¿y tú? ¿no has encontrado nada que puedas amar?

La criatura, tímidamente, respondió:


- Lo siento seño. Vi la flor y sentí su perfume, pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma durante más tiempo. Vi también mariposas suaves, llenos de color, pero parecían tan felices que no intenté coger ninguna. Vi también al pichoncito en su nido, pero ... al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí dejarlo allí ..... Así que traigo conmigo el perfume de la flor, la libertad de las mariposas y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito. ¿Cómo puedo enseñaros lo que he traído?



La maestra le dio las gracias a la alumna y emocionada le dijo que había sido la única en advertir que lo que amamos no es un trofeo y que el amor lo llevamos en el corazón.

El amor es algo que se siente.

Hay que tener sensibilidad para vivirlo.