Después de cenar, y de unas cuantas botellas de vino, allí, en el sofá, el desenfreno y la locura.
Sus cuerpos sudados y enredados llegando al éxtasis.Por la mañana, todo volvió a la misma rutina de siempre.
Ambos sabían que ya,
entre ambos,
solo quedaba el deseo.
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