Mientras se afeitaba, frente al espejo, se preguntaba qué tipo de público tendría esa noche.
Suponía todo iría perfecto como era habitual, y es que aquel gaditano tenía "un salero y una gracia que no podía aguantá".
Apenas iníció su monólogo las carcajadas no cesaron ni un momento. Todo iba igual que todas las noches.
Pero aquella, entre el público, se econtraba una pareja que había entrado por casualidad.
Al principio, no podían evitar la risa, al igual que el resto, aunque poco a poco ambos se fueron fijando en los ojos de aquel personaje tan gracioso.
Y según pasaba el tiempo, más reconocían lo que en ellos veían, les resultaba familiar lo que en el fondo de ellos encontraban.

No hay comentarios:
Publicar un comentario