Aquella mañana despertó como cualquier día de su vida, era sólo uno más.
Corrió para llegar al gimnasio, necesitaba un cuerpo diez.
Corrió para llegar a la oficina, necesitaba trabajar cada vez más para destacar y ascender.
Corrió a comer en media hora, necesitaba perder el menor tiempo posible.
Corrió para llegar a la hora al máster, necesitaba títulos para ser superior al resto.
Así había transcurrido su vida, era una carrera frenética, donde lo único importarte era el éxito, el status, sentirse el mejor.
Nunca saludaba a nadie, nunca agradecía nada, era una persona arisca, huraña, aislada donde únicamente importaba él.
Pero esa noche, al regresar a casa, sintió una extraña sensación, un fuerte impulso que le hizo entrar a un bar a tomar una cerveza.
El camarero no tenía su marca preferida, por lo que tuvo que aguantar sus insultos y mal carácter habitual.
Al disponerse a salir del bar, un anciano en la barra lo invitó a tomarse una con él.
Aquella cerveza le era totalmente desconocida, pero le supo a gloria. Fueron una, dos, tres, ........, las horas se fueron volando.
Al despertar, el siguiente día, sintió que todo había cambiado, algo en su interior no paraba de girar. Su mundo se había desmoronado.Comprendió tantas cosas en aquella noche, en aquella conversación, de aquel anciano, que ya su vida nunca volvió a ser la misma.

Sólo cuando estás con ellos,comprendes lo que realmente merece la pena en la vida.
ResponderEliminarSu esfuerzo, su trabajo, su experiencia...
Perdemos tanto tiempo en querer ser lo que los demás pretenden, que la vida que realmente llena se pierde por los rincones.
Buen tema has elegido Capote, quizás el mejor.
Besos
Gracias Ye, se por qué lo dices, muchas gracias.
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